lunes, 1 de noviembre de 2010

de camino a la fiesta


Iba yo a la fiesta de cumpleaños de mi amiga Noelia. Me perdí por las calles, no sabía dónde estaba. Me encontraba tan confusa que eché a correr y me perdí a un más. No sabía lo que hacer, me estaba volviendo loca.
Entonces paré y miré bien la calle, pero si era la calle del colegio.
En ese preciso instante me acordé del regalo, me lo había dejado en casa. Fui corriendo. Lo cogí y me di cuenta de que no quería regalarle una simple tortuga de luna, yo quería regalarle algo con lo que sintiera ganas de volar, algo con lo que sintiera electricidad solo con mirarlo o con lo que se viera nadando en las nubes, por eso me di cuenta que el mayor regalo era mi amistad y no quería que la olvidara.
Entonces me desperté, estaba soñando. Aun no había comprado el regalo y me puse a hacer una figura de arcilla en la que se veía claramente a una chica saliendo de un regalo y otra muy feliz por eso.

Así represente cuanto la quería y hoy, después de 80 años seguimos siendo amigas...

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