jueves, 21 de octubre de 2010

Los robots del señor Skim

El señor Skim era un científico, considerado totalmente loco, la mayor parte del día se pasaba encerrado en su laboratorio, haciendo grandes experimentos, que casi siempre eran copiados por otros científicos. Pero Skim como estaba loco, decía que él mismo los creó. Pero que los otros científicos los copiaron.
Un día Skim, se encerró en su laboratorio y no salio en todo el día. Ni siquiera salió para ir al baño o para comer, ni tampoco para beber agua, sus amigos, los otros científicos temían que se hubiera tragado algún veneno o algo parecido. Realmente pasaron doce horas desde que se encerró ahí. Intentaron abrir la puerta, pero no podían. No había ninguna ventana por donde asomarse, por lo que pensaron que se podía haber asfixiado. Justo cuando estaban a punto de llamar a la policía y también a los bomberos se abrió la puerta del laboratorio, apareció el señor Skim cansado, pero feliz.
Detrás de él iban tres robots. No tenían la clásica forma de un robot, más bien parecían tres niños.
Skin explicó a sus amigos y a todos los ciudadanos que habían acudido a su rescate, que eran robots androides, y que parecían humanos porque tenían inteligencia propia, pero fueron diseñados exclusivamente para recibir órdenes
- ¿de dónde sacaste los instrumentos para hacerlos?, dijo uno de los amigos de Skim.
Es un secreto no quiero que nadie más copie mis ideas, al menos por esta vez, dijo Skim.
Los científicos se enfadaron un poco sabían que no se merecían ser tratados así, porque se habían preocupado bastante por Skim, y en segundo lugar le advirtieron a Skim que no eran de fiar. A Skim eso no le importó mucho, más bien se sentía orgulloso de su nuevo invento.
Ellos eran los que ahora barrían, lavaban la ropa, sacudían el polvo, fregaban los platos…
Los robots no dijeron ninguna palabra en ningún momento. Skim se dio cuenta de que le falto un pequeño detalle. A si que un día volvió al laboratorio para desactivar todos los robots y implantarles un dispositivo para permitirles hablar .
Cuando terminó los robots ya sabían hablar, imitaban todas las palabras que oían, para luego así poder formar ellos solos frases. Los robots tenían que llamarse de alguna forma. Con lo cual decidió ponerle un nombre a cada uno. Uno se llamó Juan, otro José y el último se llamó Julio. Pasó el tiempo y nadie oyó hablar más del señor Skim, los científicos se volvieron a preocupar. Ya sabían que era un hombre insoportables pero era un buen amigo .Un día un científico, el más joven de todos encontró la puerta del laboratorio del señor Skim abierta y se atrevió a entrar, el señor Skim estaba tendido en el suelo y con las tripas fuera de su estómago, y al lado de él estaban los tres robots con un cuchillo en la mano cada uno.
El joven científico llamado Arthur corrió a la velocidad del viento, tuvo suerte de que los robots no lo viesen porque si no el que tendría las tripas de fuera sería él. Le contó lo que paso a los demás cientificos, pero ellos al pricipio no le creyeron, asi que fueron al laboratorio del señor Skim. Tambien lo encontraron pero esta vez sin tripas y sin estomago, solo tenia un gran agujero en el vientre. Los tres robots tampoco se encontraban allí.


La ciudad teme nuevos incidentes, cuatro personas fueron asesinadas en la plaza Mayor del pueblo. Los vecinos alarmados llamaron a la policia sin dudarlo, los policias llegaron al instante, los vieron en la plaza amenazando a Arthur, los policias dispararon en la nuca de Julio y cayó al suelo

- Lo sentimos mucho, dijo Juan, acabamos de activar las emociones, sentimos mucho haber matado a nuestro creador, Skim.


Los robots sonrieron. Por alguna razón sabian que a partir de ese momento tendrían una nueva vida.

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