
Como todos los días fui a comprar el pan para comer, ya que mi hermano Fernando había ido ayer. Cuando salí de la tienda decidí pasarme por el parque, hacía frío pero llevaba un plumas que me mantenía calentita. Allí había unos cuantos niños que ya se iban. Me columpié en unos de esos columpios de madera. Decidida para irme vi algo que descendía desde el cielo y aterrizaba a unos metros de mi, fui corriendo, me acerqué y vi un bicho raro, era…algo extraño…no sé cómo explicarlo. Era verde, pequeño, con antenas, más o menos redondo y con unos ojos gigantes que no dejaban de mirarme, eso me ponía muy nerviosa. Entonces cuando reaccioné cogí un palito y lo toqué, porque con la mano me daba un poco de asco, era gelatinoso.
Después no se como, ni porque aparecí en un lugar donde todo era redondo y blanco, y encima estaba rodeada de pequeños bichitos como el que había visto antes en el parquecillo. En un cartel ponía “SIGLO 23”. Estaba asustada pero me hacía gracia aquello. Intente salir de ese círculo pero me lo impedían entonces uno de ellos me enseñó un plano en el que parecía poner que necesitaban mi ayuda. Al terminar de descifrarlo asentí solo quería irme de aquel lugar .Entonces me guiaron hasta una pequeña colina donde tenía que pasar por un agujero y coger una perla de color dorado, que se les había caído y era muy importante para ellos. Me metí por aquel agujero y busqué y busqué hasta que la encontré, todo aquello parecía un laberinto pero logré ver la salida. En todo el recorrido me encontré con cucarachas de mil patas, gusanos con alas y todo tipo de animales con algo diferente a lo que estaba acostumbrada a ver.
Nos volvimos a reunir y les entregué la perla, ellos saltaron de alegría y gritaban algo así como:”¡wichi wichi!”. Cuando llamé su atención dejaron de saltar y me enseñaron como volver. La verdad es que no fue difícil. En ese planeta solo podían estar 35 minutos las personas que no eran de allí. Y solo me quedaba uno o dos, asique conté la cuenta atrás y aparecí de nuevo en el parque con mis barras de pan y mi plumas. Nunca me había alegrado tanto de volver a ver el colegio y mi casa, y a mis padres que a pesar de que me echaron una buena regañina por llegar una hora tarde les di un buen abrazo.
Esto no se lo he contado a nadie hasta hoy.
jaja es muy original
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