
Olía a tierra mojada. Cuando conseguí abrir los ojos, solo vi la carretera y mi bici completamente destrozada, no recordaba nada de lo que había pasado.
Me intentaba levantar, pero no sentía mi cuerpo, las piernas me pesaban y todo se empezaba a desvanecer de nuevo. De pronto, el sonido de una ambulancia me despertó. De ella se bajaron los médicos, mis padres y un muchacho joven. Yo lo seguía viendo todo borroso, pero pude distinguir como mi padre empezaba una fuerte discusión con el muchacho.
Mientras los médicos sacaban todo lo necesario de su maletín, yo le pregunté a mi madre, que estaba de rodillas mirándome, qué me había pasado. Ella me dijo llorando que ese muchacho me atropelló cuando iba con la bicicleta por la carretera, y de no ser porque él iba a poca velocidad, ahora mismo estaría muerto.
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