miércoles, 20 de octubre de 2010

UN MUNDO CON ESPERANZAS

¿Alguna vez has pensado que como será el futuro? Cuando era pequeña y mi difunta abuela me hablaba de lo buena y maravillosa que era la vida. No había tecnologías, y toso lo tenías que hacer sin ayuda de un robot. Lo veía como una tontería, tampoco seria para tanto. Cada vez que me iba haciendo más mayor me daba cuenta que con tanto aparato robótico no podías vivir tu vida, todo te lo hacía el y no había manera de impedirlo. A veces me gustaría vivir como mi abuela, libre, podría hacer todo lo que me diera la gana.


Bueno pero hay que afrontar la vida que te ha tocado y disfrutarla al máximo. Mañana cumplo dieciocho y tengo que aprender ha hacer cosas que de pequeña no me correspondían. La curiosidad me mata por dentro, ¿cómo seré cuando sea mayor? ¿Estaré casada? ¿Tendré hijos?...


El manual dice que antes de cumplir los dieciocho años tienes que saber todos los robots que existen y para que sirven, por lo tanto me he puesto ha estudiar como si mi vida dependiera de ello. Al llegar casi al final del libro de robots me doy cuenta de que existe un robot de emparejamiento, cosa que no me pareció nada bien, ya que cada persona debería enamorarse de la que quisiera y no de la que estuviera acordada por un robot.


Después de estudiar me fui a dar una vuelta por el parque y allí lo vi, era alto moreno y con los ojos marrones como el barro húmedo. Desde ese mismo instante no e podido pensar en otra cosa. Sin más demora y sin pensármelo dos veces me acerqué a él y le dije:


- ¡Hola! – a lo que el contesto.-

- Hola

- No te he visto nunca por aquí ¿es que no eres de aquí?

- No, me han trasladado por el trabajo y tal.

- Mmmm, ¿Te apetece ir a dar una vuelta?

- Vale


Yo sin creérmelo me agarre de su musculoso brazo y fuimos a tomar un helado. Al final de esa cita él y yo éramos novios.


Al día siguiente ya era oficial tenía dieciocho y como toda mujer debía pasar por el robot de emparejamiento, yo no estaba nerviosa pues sabía que el hombre de mi vida era Jorge (ese era su nombre). Cuando me hicieron el test y vi que no era él fue como si me hubieran clavado un puñal en mi corazón, el elegido era un tal James un estirado ricachón que trataba a las personas como si fueran basura.


Cuando se lo conté a Jorge los dos coincidimos en que una maquina no podía separarnos y que deberíamos huir a un lugar donde nadie ponga condiciones en nuestro amor. Tras explicárselo a mi madre me dio la razón y me dijo que si se lo hubieran hecho a ella también hubiera hecho lo mismo.


Nos disfrazamos de forasteros y conseguimos burlar los sistemas de seguridad. Una de las cosas más difíciles ya había sido superada, ahora quedaba saber donde ir y volver ha hacer nuestra vida.

3 comentarios:

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.